jueves, 5 de junio de 2014

Manuel Bascón Perez "MANUEL BASCÓN"


FLAMENCO

Manuel Bascón Perez


"MANUEL BASCÓN"

MANUEL BASCÓN PÉREZ,  Cantaor payo, más conocido mayormente con su propio nombre artístico  de MANUEL BASCÓN, nació en Montalbán de Córdoba (Córdoba) en el año de 1942. Miembro de la Peña Flamenca Manolo Caracol de Montalbán. Fiel conocedor de los cantes de Córdoba, desde muy joven acudía a Puente Genil en busca de Pedro Lavado del que guarda un eco inconfundible sobre todo en los cantes lucentinos. Muy querido y admirado por la afición cordobesa, le requieren mucho para su participación en las peñas flamencas. Posee avanzados conocimientos de la guitarra de la que suele acompañarse. No puedo más que congratularme y aplaudir la iniciativa del Ateneo de programar una serie de actos de reconocimiento a un puñado de hombres del flamenco, que con su afición, su dedicación y su entrega han contribuido y siguen contribuyendo al mejor conocimiento, difusión y engrandecimiento de nuestro arte. Creo que ha sido un acierto la elección de las personas. Y si bien es verdad que quedan aun muchas que serían también merecedoras de ese reconocimiento, no es menos cierto que sería imposible darles cabida a todas. Tiempo habrá, si se producen ediciones posteriores, de darles cumplida satisfacción.

Decía antes que me parecía acertada la elección, porque en todos los casos se trata de aficionados de sobra conocidos y contrastados, con una trayectoria meritísima en pro del flamenco, con toda una vida dedicada al cante. Y ese es el caso también de Manuel Bascón Pérez, que hoy nos acompaña. Y es que Manolo Bascón es un flamenco cabal. Es tópico pensar que el buen aficionado es un cantaor fallido, pero no es este el caso de Manolo que, además de un magnífico aficionado, es un excelente cantaor. En los años 60, tras la publicación de la famosa antología de Hispavox y la celebración de los primeros Concursos Nacionales de Córdoba se iba a producir lo que Pierre Lefranc, creo que acertadamente, ha denominado "Gran Salvamento", en el sentido de que se empiezan a recuperar cantes casi olvidados u olvidados del todo y se rescatan para el gran público cantaores que prácticamente no habían salido de los tablaos madrileños o de su entorno familiar aquí, en Andalucía. Se genera así un caldo de cultivo enteramente propicio para el nacimiento de nuevas aficiones, empiezan a aparecer las primeras peñas que aglutinan a esa naciente afición, ávida de conocer y degustar ese nuevo cante, entre comillas, que había estado oculto a una gran mayoría hasta ese momento.

Pues bien, Manolo, en esos años 60, tan decisivos para nuestro arte, empiezas tu andadura de aficionado. Tu edad no te permitía haber hecho antes y, seguramente, de haber sido mayor, tu concepción del cante y tus gustos tampoco. Y por eso fuiste uno de los fundadores de la desaparecida Peña Los Cabales y uno de sus pilares hasta que, desgraciadamente, la peña tomó un rumbo con el que no comulgabas. Tuviste entonces que dejarla para integrarte, junto con otro puñado de aficionados que entendían el flamenco de manera similar a la tuya, en nuestra actual Peña Manolo Caracol. Fueron años decisivos en tu formación como aficionado y como cantaor. ¡Cuántas idas y venidas a Puente Genil, cuántas noches compartidas con Pedro Lavado escuchando su cante, empapándote de su cante, nutriéndote de su cante!. De él aprendiste esas malagueñas poco escuchadas de Francisco Lema Fosforito y de Fernando El de Triana, y sus cantes de Lucena y Puente Genil, y su serrana, y sus alegrías de Córdoba, y sus trianeras soleares apolás, y esa nana hermosísima y los casi perdidos cantes de ara. Pero lo más importante, con Pedro y con otros como Pedro aprendiste a ser flamenco.

Años de intensísima actividad en esa peña, una de las pioneras, y al calor del importantísimo concurso que organizaba y que vivero de magníficos cantaores, muchos de ellos actualmente arriba del escalafón. Eran otros los tiempos, los artistas tenían menos prisa que ahora y se prodigaban las reuniones de cante donde se escuchaba y se comentaba en torno a una mesa, en la intimidad y compartiendo unas botellas de vino. Recuerdo como aprovechabas las muchas estancias del malogrado Cascabel de Mairena en Montalbán para asimilar su versión personalísima de los fandangos del Gloria y sus formas soleareras, cortas pero flamenquísimas. Y las de tantos otros que por entonces nos visitaban. Por eso, Manolo, tu cante es un cante vivido antes que un cante aprendido. No es un cante obsesivo y machaconamente escuchado en un disco hasta memorizarlo al detalle y transmitirlo como si del mismo disco se tratara, sin nada de aportación personal, sin alma, sin vida, un cante seco, acartonado y muerto puesto que ya está momificado. Muy al contrario, tu cante es muy tuyo, porque es un cante asimilado de muchos y metabolizado por tí, reelaborado por tí.
Claro está que también has aprendido en los discos. No podía ser de otra manera porque, sobre todo con las grandes figuras no es asequible para cualquiera la convivencia y el aprendizaje directo. Pero aun así, tu sentido del cante y tu natural instinto de flamenco te han llevado a captar que las distintas formas no de jan de ser meros esquemas, meros esqueletos que el cantaor tiene que rellenar de carne en cada momento para ofrecernos su cante. Y es que estamos ante un arte que, como ocurre también con el jazz o con el toreo, es más verdad si como decía González Climent se produce la creación en acto. Y por eso has huido siempre del estereotipo y la copia. Y si haces los cantes de Rafael El Gallina, uno de sus cantaores preferidos, suena a Manolo Bascón. Y si hace los cantes de El Sevillano, suena igualmente a Manolo Bascón. Y no suenas a Toronjo cuando haces, magistralmente, sus cantes; suenas a Manolo Bascón. Como excelente aficionado nunca has desdeñado escuchar y aprender de cantaores de segunda fila en lo comercial, que no en el arte. Sabes bien que en este tipo de cantaores se encuentran muchas veces verdaderas joyas que no siempre están al alcance de las figuras. Pongo por caso a El Perrate, entre otros, del que sé que, como a mí, hay cantes que te encantan.
Otra faceta, Manolo, de tu gran afición es la de la guitarra. La aprendiste a tocar un poco, de manera autodidacta, porque no siempre había a mano un guitarrista en las reuniones y muchas veces era necesario hacerle son a otros aficionados o hacértelo tú mismo. Sin virtuosismos, porque sería impensable, has contribuido así al buen fin de muchos ratos de cante, al tiempo que te ha servido a tí mismo para afianzar tus cantes en tu aprendizaje y en tus ensayos. Porque todavía, Manolo, sigues aprendiendo con la misma ilusión y con el mismo afán que en tu primera juventud. El flamenco, nuestro arte es tan amplio, es tan tentacular, tan rico, que como tú dices cantando por Huelva "...es que hay tanto que aprender, que se van yendo los días y te mueres sin saber." Y así, en plena madurez de aficionado y cantaor, has llegado a acumular el amplísimo caudal de conocimientos con que hoy te nos muestras, muy lejos de muchos aficionados e incluso cantaores profesionales que se han parado en los siete u ocho cantes. Y aun te parece poco. Conocimientos aparte, es el tuyo un cante recio, viril, lo más alejado de aquel cante que Edgar Neville tildaba de amariconado e insoportable. Has bebido en muy buenas fuentes para que pueda ser de otra manera. 

De ningún modo quiero dejar pasar uno de los aspectos más importantes de tu perfil de aficionado: tu desinterés y tu sentido de la amistad. Nunca has dicho que no cuando te han llamado a cantar a peñas o a homenajes de amigos. Y nunca has cobrado nada por hacerlo. La profesionalización te ha sido siempre ajena y siempre has cantado por el gozo de hacerlo. Ahora, como tantas veces, vamos a pedirte que nos hagas el regalo de unos cantes. Sé que desde hace un tiempo estás teniendo problemas de garganta y que incluso estás siguiendo tratamiento médico. Pero también sé que esa reciedumbre y esa virilidad de tu cante, esa pelea que nunca rehuyes con el cante, te harán sobreponerte a esas dificultades. Sé que nos harás un buen regalo y como un buen regalo necesita una envoltura adecuada, esa envoltura se la va a poner la guitarra, magnífica, amiga y compañera en tantas ocasiones de José Antonio Díaz Franco. Él será tu interlocutor artístico. ¡Gracias! y el aplauso para ambos. José Moreno Moreno, Venero Flamenco en Bodegas Campos (col. Arca del Ateneo).
-El arte de vivir el flamenco-
Manuel Bascón y Curro de Santaella por Bulerías

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