sábado, 15 de octubre de 2016

Juan Baños Sánchez "FANEGAS"

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FLAMENCO

Juan Baños Sánchez

"FANEGAS"

JUAN BAÑOS SÁNCHEZ, cantaor payo, muy conocido en el mundo del cante flamenco con el nombre artístico de FANEGAS,  nació en Cartagena (Murcia) el día 9 de Diciembre del año de 1893, y murió en Figueras municipio español de la provincia de Gerona, Cataluña en 1990, fue un destacado cantaor flamenco, gran amigo de Guerrita y compañero desde la infancia. Compartieron éxitos en su tierra natal y en el resto de España. Participaron en la Ópera Flamenca y ambos acabaron instalándose en Cataluña, tierra que los vio fenecer. Compartió discos con el Niño de la Huerta y con Pepe Marchena y fue protagonista, junto a la cantaora La Niña de Cádiz y el guitarrista Miguel Borrull, del documental El Guadalquivir (vena lírica del cante jondo) en 1935, dirigido por Enrique Guerner. Comprobamos cómo fue un cantaor más destacado de lo que la historia ha reflejado.

Al igual que Guerrita, poseía una voz alta y aguda, excelente para alargar los tercios y asombrar a un público ávido de gorgoritos y barroquismo, cualidades que la Ópera Flamenca había puesto de moda. Grabó fandangos, tarantas, milongas, media granaína, saetas y fandangos por soleá.

Juan Baños; cantaor desde la cuna.
El 9 de diciembre de 1893 nacía, en la calle Onda del barrio cartagenero de San Antón, Juan Baños Sánchez, al que años después conoceríamos con el nombre artístico de El Fanegas.  Hijo de Juan Baños Hernández y de Rosario Sánchez Pérez, sería bautizado tres días más tarde en la parroquia que da nombre a su barrio, San Antonio Abad. Juan fue el primogénito de una familia numerosa de origen humilde y ese sería el motivo por el cual, a muy corta edad, comenzaría a trabajar para ayudar económicamente a una familia que no andaba muy sobrada, y fue también la razón por la que nunca gozó de la oportunidad de ir a la escuela. Su primer trabajo sería en la fábrica del cristal y vidrios de Santa Lucía de Cartagena, donde lo bautizaron con el sobrenombre de El Fanegas, alternando con el trabajo en el campo en una finca que tenía arrendada la familia y que pronto se daría a conocer como “finca del Fanegas”, en honor al cantaor que desde joven ilusionaba a la afición cartagenera. Poco después, siendo todavía un niño trabajaría en las minas de La Unión, entrando en contacto con el sentir de los cantes mineros, aprendiéndolos de primera mano de quienes los interpretaban desde el más trágico de los escenarios: “la profundidad de la mina”, esto le valdría para poder alternar y cantar en las tabernas con los mineros y de ellos escucharía por primera vez el lamento de la taranta que con los años interpretaría a gran altura. Pero esto sería durante poco tiempo, pues en la mina conocería las penurias y la desgracia y en ella vería la pronta muerte y enfermedad de alguno de sus compañeros, lo que le hizo pensar que éste no era el mejor sitio para él y comienza a trabajar en la fábrica de la luz, donde por primera vez aprendería un buen oficio y años más tarde formaría parte de la nómina de trabajadores del arsenal militar del Estado como oficial electricista, alternando su trabajo con la afición al cante, que le iba alzando a un lugar privilegiado entre los artistas de la tierra.
Para situar a Fanegas desde un orden cronológico en el marco de los cantaores más representativos de La Unión y Cartagena de ese tiempo, o que desarrollaron su arte desde sus inicios en esta comarca, tomando como ejemplo a los artistas posteriores a la generación que lideraba Antonio Grau Mora el “Rojo el Alpargatero”, hemos de apuntar que nació 9 años después que Antonio Grau Dauset, era aproximadamente dos años menor que Emilia Benito “La Satisfecha”, 3 años mayor que Antonio Ayala Mateo “el Rampa”, y 12 años mayor que Guerrita. Fue, por tanto, junto a los citados artistas, líder de una generación que en su mayor parte buscaron y encontraron el éxito y reconocimiento fuera del terruño. El prematuro éxodo de Antonio Grau hacia la capital y de Emilia Benito, que partió rumbo a la aventura en busca del éxito, colocaba a Juan Baños como el gran divulgador de nuestros cantes entre los artistas de la tierra. Su cante serviría de puente de transmisión de los cantes mineros primitivos de finales del siglo XIX y la época que lideró Guerrita, en la que daría comienzo una nueva etapa con los florecientes y flamencos años 20.
Pronto le vendría la afición al cante y no tendría que irse muy lejos para ello, pues en su casa había una gramola y una amplia colección de discos de pizarra, su madre Rosario Sánchez, recuerda su hijo Francisco, era una gran aficionada, aunque nunca cantó en un escenario; al parecer tenía unas excelentes facultades, amenizando las duras jornadas laborales con su cante. Es de suponer que nuestro personaje se vio envuelto por ese duende del flamenco que desde niño en su hogar se respiraba. Su precoz debut le haría que pronto llegara a destacar como uno de los artistas más relevantes de la tierra, y ya desde la segunda década del 1900, se pueden obtener breves reseñas de su arte. Aunque su primera actuación de importancia tendría lugar el 7 de agosto de 1917 en una función benéfica en el Teatro Circo de Cartagena, acompañado a la guitarra por el ya célebre tocaor de guitarra José Grau, hijo del mítico Rojo el Alpargatero, y donde podemos observar que por esos años ya gozaba de un merecido prestigio en su tierra, lo que nos lleva a pensar que por entonces Fanegas tenía una dilatada experiencia por los escenarios de la región.
A partir de 1918 se multiplican las actuaciones de Fanegas por todo el entorno cartagenero, destacando desde un principio como un gran cantaor de saetas, cualidad que le haría imprescindible en los balcones de la Semana Santa cartagenera. Su particular forma de interpretación impregnaría de “Jondura” el paso de la procesión cartagenera, de la que Fanegas se convertiría en un pilar indiscutible durante años. Las actuaciones y bolos se suceden y, acompañado por el profesor de guitarra Niño de Jaén, actúa por los barrios, cines y teatros de la localidad destacando su clamoroso triunfo en el cine Máiquez de Los Dolores, lo que le sitúa entre los artistas más notorios de la comarca de ese tiempo. La popularidad que arrastra ya por esos años le hace que el dueño del prestigioso Café del Tranvía, D. Antonio Antón Ferrera, se fije en él para que participe en el primer concurso de Cante Jondo celebrado en ese local entre los días 2 y 5 de febrero de 1921, aunque el concurso gozó de la sola referencia que evidenciaba su carácter comercial como informaría la prensa del momento.
D. Antonio Antón Ferrera, con sin igual desinterés, procura presentar constantemente un espectáculo nuevo que haga más solaz y amena la estancia en este salón a la distinguida concurrencia que acude a diario deseosos de aplaudir a tan notables artistas Aunque mucho más humilde, sin apenas trascendencia para la historia jonda, todo hay que decirlo, se adelantaría en más de un año al famoso concurso granadino de 1922. Pero, a su vez, serviría para que el público cartagenero se ilusionara con esa nueva generación de cantaores que, desde años, se estaba gestando en la ciudad. Los competidores por tan “prestigioso” premio, “la Copa el Tranvía”, serían los cartageneros Antonio Ayala “el Rampa”, Juan Baños “Fanegas” y Patricio Alarcón. El concurso alcanzó tal grado de aceptación entre la clientela que el dueño del establecimiento decide ampliar el contrato de los dos últimos durante un tiempo, y la “Copa el Tranvía” se celebraría durante años, añadiendo a su nómina de ganadores cantaores como Patricio Alarcón, Antonio Ayala “El Rampa”, Isabel Díaz “La Levantina”, “El Niño de Triana” y “El Niño de las Moras”, entre otros.
Fanegas goza ya a primeros de los años 20 de un merecido prestigio en la ciudad por sus condiciones para el cante flamenco y no solo eso, pues además de su privilegiada voz, destacaban en él ciertos encantos irresistibles para el sexo femenino. Joven, atractivo e irresistiblemente mujeriego, con fama de conquistador, lo que le acarrea algún que otro lío de faldas, establece su nido de amor en el desaparecido barrio de “El Molinete”, allí durante algún tiempo mantiene amoríos con “la Parrilla” afamada “camarera” de la Bombilla, cabaret de dudosa reputación del barrio donde, como en tantos otros establecimientos del mismo, la prostitución estaba a la orden del día, las continuas peleas y disputas ocasionados en su mayoría por los celos de esta hacía él, causarían en alguna ocasión la aparición de las fuerzas del orden para mediar en el conflicto y reestablecer la calma en el barrio. Altercados que se repetirían con otras mujeres que intentarían en vano encontrar en él la fidelidad.
El año 1924 sería crucial para su carrera. Por un lado, el 27 de mayo parte rumbo hacía Melilla donde es contratado para actuar en uno de sus cafés durante una temporada. No sería la primera vez que Fanegas es contratado fuera de la región, pero sí cuando empieza a plantearse el cante como medio de vida. La fiebre que está experimentando el cante jondo por casi todo el país, en parte influido por el éxito alcanzado por el concurso celebrado dos años antes en Granada, y el interés que, a su vez, despertaban entre la afición de la región la nueva generación de cantaores de la tierra, además de el paso por ella de cantaores foráneos con unas destacadas condiciones para el cante, generan el comienzo masivo de concursos de este tipo en toda la Región de Murcia, que servirían de escaparate para los cantaores de su tiempo.


En la comarca de Cartagena y La Unión se desarrollaría de una manera especial ese sentir cantaor que nacía de las influencias de unos jóvenes artistas que reclamaban con su arte un espacio en el que los cantes de la tierra se verían reflejados por las influencias del momento. Fanegas fue partícipe en la mayoría de estos concursos que, aunque quedaron relegados al olvido, con el paso del tiempo serían de vital importancia para dar a conocer a una generación de cantaores comprometidos con unas formas expresivas que habían heredado de sus antepasados y que ellos habían sabido enriquecer y desarrollar para acercarlas al gran público. Participa en este mismo año junto a su hermano Pepe en un concurso organizado por la Cofradía de los Californios, teniéndose que conformar con el tercer premio para profesionales locales detrás de Patricio Alarcón y de José Bernal (el Mendo), obteniendo un premio dotado con una cuantía de 50 pesetas. Espina que se quita al día siguiente, al ser el ganador del premio de honor que va acompañado de la nada desdeñable cantidad de 250 pesetas; consiguen accésit Patricio Alarcón, María Amaya “La Gazpacha”, que ya resultara premiada dos años antes en el mítico concurso de Cante Jondo granadino, y Antonio Ayala “el Rampa”.
Durante el año 1925 obtiene segundos premios en los concursos celebrados en el barrio cartagenero de Santa Lucía y en el cine del barrio Peral. El primer premio recayó en manos de Guerrita que ya, y con sólo 19 años, se estaba haciendo un puesto de importancia entre los cantaores del momento. Cosecha importantes éxitos, destacando sus actuaciones en el Circo Teatro de La Unión junto a Patricio Alarcón y la guitarra del Zocato, escenario en el cual se proclamaría meses más tarde ganador del primer Concurso de Cante Jondo, en dura competencia con un nutrido grupo de cantaores entre los que destacarían poco tiempo más tarde Guerrita y José Escudero “El Chato de Valencia”, que rondaría durante algún tiempo la cuenca minera empapándose de los misterios de su cante, dando forma a una Murciana de la escuela de Joaquín Vargas “El Cojo de Málaga”, a la cual le imprimía una musicalidad más definida, respondiendo a ciertos matices de taranta primitiva que tanto se cultivaba en esta tierra. Más tarde, este cante, cargado de musicalidad, donde predominaban los garganteos, florituras y unos excelentes registros en los tonos medios y bajos, sería transmitido por el genial maestro de Montefrío Manuel Ávila, dándose a conocer por cierta parte de la afición con su nombre.
-El arte de vivir el flamenco


Juan Baños Sánchez por Fandangos (Republicanos)

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