viernes, 13 de abril de 2012

Aquella Sarneta de Jerez


Aquella Sarneta de Jerez


Manuel Bohórquez
A Tomás de Perrate
sevilla l El próximo día 18 de junio se van a cumplir cien años de la muerte, en Utrera, de la cantaora jerezana más importante de la historia del flamenco: Mercedes Fernández Vargas, conocida por el remoquete artístico de La Sarneta. Un siglo hace que murió y todavía lloran los pájaros de los soleados campos de la localidad de Utrera recordando aquel día en que dejó de latir el corazón de una guapa gitana del barrio de San Pedro de Jerez, de la calle Don Juan, donde nació el día 19 de marzo de 1840, un año después que Paco la Luz y cuarenta antes que el gran Manuel Torre.
En aquellos tiempos estaban de moda el Planeta, el Fillo, María Borrico y el gaditano Lázaro Quintana, entre otros. El flamenco ya había entrado en los teatros del país y aún no existían los cafés cantantes especializados en el arte jondo, aunque sí las academias de baile de los de la Barrera, en Sevilla, y la del gaditano Luis Alonso, el hermano bolero del Planeta. Mandaban en la escuela bolera las sevillanas Manuela Perea, Petra Cámara y la Campanera, y la Vargas de Cádiz.
En Triana aún no habían nacido Manuel Cagancho y Juan el Pelao, pero ya andaban por el arrabal Frasco el Colorao, el Fillo y Antonio Cagancho. Y Silverio Franconetti tenía solo diez años y soñaba ya en Morón con elevar el cante a la cima del arte.
Pocas veces se ha hablado en Sevilla del orígen sevillano de La Sarneta. Su padre, Salvador Fernández, de profesión herrero, era natural del pueblo sevillano de Gilena, así como sus abuelos paternos, Juan Fernández y Ana de Costa. Éstos eran también los abuelos maternos del genial cantaor jerezano Frijones. Así que Frijones y La Sarneta fueron primos hermanos.
Sobre el origen de su apodo han corrido ríos de tinta, pero fue ella misma quien se lo dejó claro a Roberto Palacio: “Porque dicen de un pájaro, que le llaman sarneta, que es muy ligero, y como era muy viva de pequeña, me decía mi mare: “¡Anda, que pareces una sarnetiya!” Y Sarneta me quedé”.
Se ha asegurado también que con 23 años ya cantaba en El Burrero de Sevilla, lo que es imposible porque en 1863 no existía todavía este célebre café. Comenzó a cantar en Sevilla a mediados de los 70, cuando Manuel Ojeda El Burrero y Silverio se asociaron primero y luego rompieron la sociedad para tirar cada uno por su lado: El Burrero con su café de la calle Tarifa -trasladado luego a Sierpes-, y el gran Silverio montando un salón en la calle Rosario.
Triunfó en Sevilla -llegó a vivir en Triana algún tiempo, donde dejó huella- y en la capital de España tuvo cierto renombre, pero acabó dando clases de guitarra y alquilando su lujosa ropa para no morirse de hambre.
Anciana, desengañada del amor y con solo un hilo de voz, en 1902 se afincó en Utrera y allí murió en 1912 rodeada de algunos parientes y conocidos, en el número 9 de la Plaza de la Constitución, el domicilio de su sobrino Diego Torres, a la edad de 72 años.
Tuvo su importancia en vida, pero cuando murió, Don Antonio Chacón, la Niña de los Peines y su hermano Tomás, Juanito Mojama y otros genios del cante andaluz se encargaron de que sus soleares nunca cayeran en el olvido. Fernando el de Triana, el Decano del Cante Jondo, cerró su escuela con una copla que hoy es patrimonio del mundo jondo:
Cuando murió la Sarneta,
la escuela queó cerrá,
porque se llevó la llave
del cante por soleá.
El próximo día 18 de junio se van a cumplir cien años de la muerte, en Utrera, de la cantaora jerezana más importante de la historia del flamenco: Mercedes Fernández Vargas, conocida por el remoquete artístico de La Sarneta. Un siglo hace que murió y todavía lloran los pájaros de los soleados campos de la localidad de Utrera recordando aquel día en que dejó de latir el corazón de una guapa gitana del barrio de San Pedro de Jerez, de la calle Don Juan, donde nació el día 19 de marzo de 1840, un año después que Paco la Luz y cuarenta antes que el gran Manuel Torre. En aquellos tiempos estaban de moda el Planeta, el Fillo, María Borrico y el gaditano Lázaro Quintana, entre otros. El flamenco ya había entrado en los teatros del país y aún no existían los cafés cantantes especializados en el arte jondo, aunque sí las academias de baile de los de la Barrera, en Sevilla, y la del gaditano Luis Alonso, el hermano bolero del Planeta. Mandaban en la escuela bolera las sevillanas Manuela Perea, Petra Cámara y la Campanera, y la Vargas de Cádiz. En Triana aún no habían nacido Manuel Cagancho y Juan el Pelao, pero ya andaban por el arrabal Frasco el Colorao, el Fillo y Antonio Cagancho. Y Silverio Franconetti tenía solo diez años y soñaba ya en Morón con elevar el cante a la cima del arte. Pocas veces se ha hablado en Sevilla del orígen sevillano de La Sarneta. Su padre, Salvador Fernández, de profesión herrero, era natural del pueblo sevillano de Gilena, así como sus abuelos paternos, Juan Fernández y Ana de Costa. Éstos eran también los abuelos maternos del genial cantaor jerezano Frijones. Así que Frijones y La Sarneta fueron primos hermanos. Sobre el origen de su apodo han corrido ríos de tinta, pero fue ella misma quien se lo dejó claro a Roberto Palacio: “Porque dicen de un pájaro, que le llaman sarneta, que es muy ligero, y como era muy viva de pequeña, me decía mi mare: “¡Anda, que pareces una sarnetiya!” Y Sarneta me quedé”. Se ha asegurado también que con 23 años ya cantaba en El Burrero de Sevilla, lo que es imposible porque en 1863 no existía todavía este célebre café. Comenzó a cantar en Sevilla a mediados de los 70, cuando Manuel Ojeda El Burrero y Silverio se asociaron primero y luego rompieron la sociedad para tirar cada uno por su lado: El Burrero con su café de la calle Tarifa -trasladado luego a Sierpes-, y el gran Silverio montando un salón en la calle Rosario. Triunfó en Sevilla -llegó a vivir en Triana algún tiempo, donde su cante dejó huella- y en la capital de España tuvo cierto renombre, pero acabó dando clases de guitarra y alquilando su lujosa ropa para no morirse de hambre.  Anciana, desengañada del amor y con solo un hilo de voz, en 1902 se afincó en Utrera y allí murió en 1912 rodeada de algunos parientes y conocidos, en el número 9 de la Plaza de la Constitución, el domicilio de su sobrino Diego Torres, a la edad de 72 años. Tuvo su importancia en vida, pero cuando murió, Don Antonio Chacón, la Niña de los Peines y su hermano Tomás, Juanito Mojama y otros genios del cante andaluz se encargaron de que sus soleares nunca cayeran en el olvido. Fernando el de Triana, el Decano del Cante Jondo, cerró su escuela con una copla que hoy es patrimonio del mundo jondo:
Cuando murió la Sarneta,
la escuela queó cerrá,
porque se llevó la llave
del cante por soleá.

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