domingo, 18 de mayo de 2014

LA GUITARRA FLAMENCA Fernando Raúl Martínez Peralta "FERNANDO MARTÍNEZ"


LA GUITARRA FLAMENCA

Fernando Raúl Martínez Peralta


"FERNANDO MARTÍNEZ"

FERNANDO RAÚL MARTÍNEZ PERALTA, guitarrista payo, conocido mundialmente con su propio  nombre artístico de FERNANDO MARTÍNEZ. Durante el año de 1937, la familia Martínez Peralta, formada por Don Víctor Martínez (1912-1994) y Doña Rosa María Peralta (1916) y quienes ya habían tenido un hijo de nombre Víctor, llegó a la ciudad de Aguascalientes (Méjico), donde se establecieron por un tiempo y en la cual, en el día dos del mes de Octubre del año de 1939, nacería el que fue el segundo de los cinco hijos de este matrimonio al que le pondrían el nombre de Fernando Raúl. La infancia del maestro transcurriría entre viajes por diversos lugares como el Distrito Federal, Jalapa en Veracruz, Zacatecas, entre otras hasta que en el año de 1946 llegó su familia a esta ciudad de Guadalajara. Ya en nuestra ciudad, Fernando hace sus estudios de primaria y secundaria el colegio Anáhuac. Desde esta época sintió su primera inclinación hacia la música. 
Don Víctor, de ascendencia española, era un gran aficionado a la música ese país y poseía una gran colección de discos de este género, desde Zarzuela y Jota hasta el Flamenco. A través de estas grabaciones es como el aún niño Fernando Raúl tuvo su primer contacto con la música flamenca y la guitarra, concretamente al escuchar un disco del histórico guitarrista flamenco Agustín Castellón “Sabicas”. Pero su acercamiento al mundo de la guitarra flamenca, daría un giro y comenzaría realmente al trabar amistad con  José Luis Labra Vergara, quien tocaba algo de flamenco. En 1955, José Luis le dijo a Fernando que conocía a una persona que tocaba bien la guitarra flamenca y al poco tiempo se lo presentó, su nombre: Rafael “el chato” Monroy. Al escuchar tocar al “chato” fue tan grande el entusiasmo que se hizo en Fernando, a quien entonces ya conocían como “el flaco” y que ya tocaba algo de guitarra popular de manera autodidacta, que decidió dedicarse a la música y a la guitarra en forma profesional.
Desde ese año, hasta 1959 Fernando realiza sus primeros estudios formales de guitarra con el maestro Agustín Corona. Después continuaría sus estudios en música y guitarra clásica por espacio de cinco años en la Escuela Superior de Música de la maestra Áurea Corona. Aunque estudiaba guitarra clásica, Fernando tuvo muy claro que lo que quería aprender realmente era flamenco, y no habiendo maestros en Guadalajara; decide buscar quien le enseñara este arte en México D.F., ahí encuentra al maestro Manolo Medina, quien fue el primer gran maestro de guitarra flamenca mexicano. Manolo Medina había vivido muchos años en España como guitarrista llegando a ser acompañante de figuras tan importantes en la historia del flamenco como el gran Manolo Caracol. Al principio, Fernando tomó clases del maestro Medina y posteriormente, las tomó de otro destacado tocaor flamenco que vivió en la misma Ciudad de México: José Hurtado. Debido a la distancia que implica viajar de Guadalajara a la Ciudad de México, y en virtud de que aún estudiaba en la escuela de la maestra Áurea Corona; Fernando tuvo que vivir esos años prácticamente en las dos ciudades, trasladándose entre ellas continuamente. Cabe destacar que Fernando recibió de su familia todo el apoyo moral y económico que necesitó.
Toda esta lucha tuvo su recompensa en el año de 1964, cuando Fernando gana el primer lugar en un concurso organizado por el Instituto de Cultura Hispánica, y que consistió en una beca “ad honorem” para estudiar un año en el Real Conservatorio de Música de Madrid. Así pues, en ese año, el joven lleno de ilusiones y ganas de aprender llega a Madrid. Después de matricularse en el conservatorio, comienza a recibir clases del gran maestro internacional de guitarra clásica Don Regino Sainz de la Maza donde Fernando se ajusta a una disciplina que encuentra mucho más dura que en sus clases en México. Como solamente se estudia guitarra clásica en el conservatorio, Fernando busca un maestro de guitarra flamenca. Por medio de una amistad, conoce al legendario guitarrista y maestro Don Alberto Vélez, quien de inmediato lo acepta como alumno. Pasado el tiempo, el maestro Vélez  lo recomienda para que ocupe una vacante como tercera guitarra en la compañía de baile flamenco más fuerte de España en aquellos años: el Ballet Español de Rafael de Córdoba. Fernando presenta una prueba ante el gran coreógrafo y bailaor quedando contratado. Para ese entonces, casi ya había terminado el año de estudios en el Conservatorio.
Durante el tiempo que Fernando trabajó en esa compañía, contó con todo el apoyo de su maestro Alberto, a quien llegaría a respetar y querer como un segundo padre. A través de un gran esfuerzo, y el gran cariño que tenía por el flamenco; Fernando llega a dominar el arte del acompañamiento al cante y al baile con una seguridad tal que algún tiempo después llegó a ser primera guitarra del ballet flamenco. Con la compañía de Rafael de Córdoba, y otras como la de la bailaora María Velásquez o la de “La china”, Fernando realiza giras por Europa y el norte de África. A finales del año de 1966, Fernando decide regresar a Guadalajara a iniciar una nueva etapa de su vida, trabajar como acompañante en las academias de baile flamenco que en aquel entonces ya funcionaban, a establecer su propia academia de guitarra clásica y flamenca en 1968, y a fundar junto con varios guitarristas locales, la Sociedad Amigos de la Guitarra de Guadalajara A.C.
La vida de Fernando da otro giro cuando en 1972 conoce a la Srita. María Dolores Macías Romo con quien contrajo matrimonio en ese mismo año. Tiempo después decide, en 1975, aceptar el ofrecimiento de impartir clases de guitarra clásica en la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara, que el maestro Miguel Villaseñor García le había hecho. Así fue como comenzó su etapa como maestro universitario, que duraría 30 años, llegando a ser, con el tiempo, presidente de la Academia de Guitarra Clásica de esta institución.  En 1977, nace el segundo hijo del matrimonio, a quien le pondrían el nombre de Fernando, quien años más tarde no tardaría en seguir, junto a su hermano Rodrigo, nacido en 1973, los pasos de su padre en la música, en la guitarra y en el flamenco, realizando una extraordinaria carrera propia, de la cuál, el maestro Fernando se sentiría más que orgulloso hasta el último de sus días.
Durante las décadas de los 70 y los 80, muchos sucesos ocurrieron en la vida del maestro como las giras de conciertos a Estados Unidos y a muchas ciudades de la república mexicana. Su participación, como jurado, durante varias ocasiones, en el concurso nacional de guitarra clásica de Paracho, Michoacán. Es en la década de los ochenta, cuando el maestro Fernando trabaja con una gran bailaora Española que durante esos años residió en nuestra ciudad: La maestra Queti Clavijo. En los años 90 llegaron los reconocimientos a toda una vida en la guitarra flamenca, como el otorgado en 1996 por el Consulado de España en Guadalajara y la oportunidad de impartir sus conocimientos y experiencias en la madre patria, participando  en los cursos de guitarra y piano organizados por la diputación de Huesca (Aragón). Más tarde impartió varios cursos especiales de guitarra flamenca en la Universidad de Guadalajara. También cabe mencionar la gran cantidad de guitarristas clásicos y flamencos que desde hace muchos años se han formado con él tanto en la Universidad como en su academia. Durante este tiempo, siguió tocando en los festivales de las más importantes escuelas de baile flamenco tanto locales como de otras ciudades.

Queremos decir además que es en 1994, cuando el maestro Fernando tiene la que a su parecer fue la satisfacción más grande de todas: el haber iniciado una etapa que duraría 11 años, de compartir con sus hijos el escenario, tanto como concertistas, como acompañantes de grupos flamencos. En 1992 el maestro sería padre por tercera vez con el nacimiento del menor de sus hijos: Diego.  El 25 de diciembre del 2005, Fernando Martínez Peralta deja esta vida terrenal acompañado siempre por el cariño de su familia.  El maestro ya no está físicamente con nosotros, pero quedan su recuerdo, su obra como formador de guitarristas, acompañante y concertista, su ejemplo como persona responsable, respetuosa y comprometida con su arte, pero sobre todo, su cariño que supo compartir con todos los que lo acompañamos a lo largo de su vida. Sólo nos queda decir: ¡¡¡Gracias por todo, maestro!!!
-El arte de vivir el flamenco-
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